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Pero si es cuento, metafóricamente hablando. Allá en el año de 1988 nos vendieron cual indios salvajes una pléyade de esperanzas. Nunca me hablaron de sistemas políticos, mucho menos de marxismo, socialismo o comunismo, tampoco de plutocracia, autocracia, totalitarismo, monarquía, o cualquier otra forma de dictadura o tiranía que perpetúe una gestión singular no democrática. Hoy celebrando su undécimo aniversario.
En esta jungla divina, los espejitos de 1442 se convirtieron en esperanzas cifradas en igualdad plena para todos los venezolanos, aun yo espero igualarme a los Chacón, Cabello o Chávez… váyase pal c… con esta tercera consonante repetida tres veces.
Angelaída y Juan José quienes eran menores con uso de razón recuerdan lo efectista de aquellas promociones electorales y con extrema nostalgia me reclaman ya como electores en qué cesta estarán metidas tales soluciones en forma de concreción. Ellos, como miles de venezolanos también me interrogan sobre la meritocracia mediante el estudio para poder escalar posiciones y mejorar la calidad de vida, observando con preocupación que vale mas una franela roja en un adulador, que un título académico para desempeñar algún oficio o cargo burocrático sin exclusión al estilo Tascón..
Entre las primeras promesas electorales –hoy electoreras, eran las siguientes: respeto a las instituciones, la gente y al estado de derecho. A once años casi ninguna ha cristalizado, sufriéndose cambios drásticos en los planes de gobierno orientado hacia fulanas misiones, algunas de ellas bien exitosas en cuanto a la intención, otras no tanto en sus resultados sociales pero excelentes en dividendos desde lo singular.
La mitomanía y el egocentrismo de aquellos tiempos nos lleva a pensar sobre los actuales pre-candidatos ante la proximidad del 26 de setiembre, quienes de seguro vienen como supuestos colonizadores apadrinados a alienarnos por decir lo menos, para comprarnos en nuestras conciencias y asegurar una opción electoral triunfante.